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Hace unos días, llegó a mí el comentario de alguien que me quiere bien acerca de una crítica hacia mi persona, esta persona ponía en tela de juicio mi valía como médico. Yo, que ya he padecido de estos actos mediocres, me lo tomé como el que ve pasar un coche, de lo más corriente, más a estas alturas de mi vida, en que me importa poco lo que alguien opine de mí. Pero como ya no creo en las casualidades, me pensé para qué me venía a mis oídos el comentario y luego de reflexionar, me hice una composición del significado de la crítica en el momento en que me preocupa más si va a amanecer mañana que la opinión de una persona en el mundo. Una simple persona, y lo digo sin segundas intenciones, me pregunto que gran vacío debe sentir esta persona, para ocuparse de alguien que sólo aspira a disfrutar del instante que vive a duras penas . En ese preciso instante vi un alma empobrecida, aburrida y carente de la gran cualidad que es la empatía, lo siento sin rencor, desde la más absoluta compasión y me apena no haber estado en ese preciso momento, no para rebatirle o  discutir, no, sino para darle un abrazo y agradecerle el tenerme en mente, mirarle a los ojos y decirle, tranqui, todo es posible, hasta tu corazón puede encontrar un rincón donde estar en paz. A pesar de todo el desprecio que puedas sentir, a pesar de la envidia, soy igual que tú, estamos hechos de la misma esencia.

Pongo la tv y me sorprende un anuncio que propone, “ Qué le dirías a tu pasado y qué te diría tu futuro “, automáticamente mi inquieta cabeza sigue la estela del anuncio y me pregunto qué le diría a mi pasado, en este momento, le diría, no te preocupes porque ya lo has logrado. Has llegado al mundo, disfrútalo que te lo has ganado, disfruta de los que te quieren sin condiciones, de todo lo que el universo ha puesto a tu alcance y vive como si no hubiera un mañana, ama sin miedo, que te van a hacer daño, pero lo vas a superar y eso te hará único, especial, aunque no lo vea nadie pues lo más importante es que lo veas tú, y qué te dirías desde tu futuro, gracias, gracias por ser muy distinto, gracias porque te has reído, porque has llorado tanto como me hizo falta. Gracias por haber elegido el otro camino, por haber pertenecido a ese club tan especial, el club de la risa, por mirar dentro cuando todo ardía fuera, por expresar afuera porque ya no había nada dentro. Por descubrir lo que hoy me sostiene, por tener esa magia de la que hoy hablo, por casi haberte matado, por tus errores que hoy son mi sabiduría. Porque una vez te perdiste y yo te encontré, porque en definitiva todo lo que hemos logrado es un “Yo Soy”. Gracias.