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Como quisiera poder vivir sin aire… Pero no puedo, siento que muero, me estoy ahogando sin saber….

Si para  algo no estaba preparado es para vivir sin aire, en ese trance me tiene ahora Maryela, mis músculos se agotan, todos, incluyendo los respiratorios. Quizás sea que nunca he tenido problemas respiratorios, pero esta etapa se me antoja muy complicada y el control mental no me llega para tanto, y otra vez mi amigo miedo se presenta cuando menos me hace falta. Se me antoja el miedo como un dragón en una cristalería que además vende bombas, y cuando se desboca, no deja nada en pie, todo cruje y explota cuando extiende sus alas y comienza a escupir fuego, mientras más cosas explotan más se desboca, como cualquier fiera acorralada.

Qué oscuras trampas tiene la mente, no hay nada que acongoje más que un una mente desbocada, no existe mayor miedo que al que te puede arrastrar esta. Cuando se desata la cascada del miedo, este se apodera de ti, máxime cuando tu cuerpo lo sigue, entonces comienza la caída al negro abismo sin límite, tu mente se torna tu más cruel enemiga y te arrastra por el lodo del sufrimiento y te hunde en él sin dejarte tomar aliento, tu corazón se dispara, la respiración se vuelve insuficiente, cuando crees que se te va a pasar te vuelve a hundir otra vez… Sólo quien lo ha vivido, sabe a qué me refiero. Es la cara del miedo, así, sin más, la misma cara de tus más temidos demonios, que además conocen por dónde llevar tu ya perdida mente, como dijera Nietzsche, “Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también mira dentro de ti.”

Cuando uno llega a este extremo, tiende a pensar que ya no hay remedio, y al llegar la noche, todos los demonios despiertan y se acuestan contigo, para no dejarte dormir, para que no olvides que están ahí, siempre están ahí, es uno de los velos de la mente, pues tras ellos se esconde la libertad , que no es nada sencillo acceder a ella, pero dicen que una vez lo has logrado, es mucho más fácil, como dice en la biblia “ Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.. Mateo 22.14”. pero cuánto cuesta y qué duro es el camino. Yo sigo intentándolo, noche tras noche, me enfrento a mis más terribles demonios, me gusta pensar que como todo, conlleva un entrenamiento, ello con el hándicap de que Maryela se ha erigido en capitana de las huestes del mal, más yo tengo mi arma secreta, que es el Amor, como San Miguel me pertrecho para acabar con el demonio con mi espada de luz.

En el discernir de mi brega, separo lo virtual de la verdad para así no errar, que la mente oculta trampas aún desconocidas para este mortal, que no sé cómo ni cuándo, pero quiero tener mucho que opinar en mi sino, que sigo buscando a pesar de las circunstancias, con buenos pensamientos, confiado, con determinación, llenando de emoción positiva cada paso o mejor dicho cada vuelta de rueda. Que no renuncio a darle un buen giro a mi vida.