Seleccionar página

Un Tsunami

La ELA es un tsunami que arrasa con todo, empieza sutilmente a dar muestras de su presencia, preámbulo de la tormenta, la toma con tu equilibrio emocional, desarmándote, te sube, te baja, te da un respiro para volverte a dar. Cuando crees que ya pasó te hunde hasta que no puedes más, pero no se queda ahí, cada día te despiertas y una cosa nueva viene a ti, cada amanecer se convierte en un desconocido sufrir, porque tienes otra debilidad, otra discapacidad, lo que ayer te servía, hoy dejó de valer.

Arrasa con tu cuerpo, te despoja de los abrazos que dabas, de los besos que regalabas, de las caricias en otra piel. Te roba el andar de tus piernas y la fuerza para comer, para asearte, los planes de futuro y la libertad también. Te quita el sexo activo, la economía, el sentir la arena bajo tus pies y saltar y correr, el trabajo que desempeñabas y el conducir y tus hobbies y hasta las ganas de comer. No puedes rascarte ni sacar aquel moco que no para de joder. Ir al baño sólo, cambiar de canal la tele, visitar amigos o simplemente comer un bocadillo o un helado ya no vas a poder.

Comienza  una etapa, el depender. Y a los que te rodean, los empiezas a joder, así de claro, a joder. Me subes la mano, dame agua o de comer, empiezas a ser una carga, ráscame la nariz, llévame al baño, límpiame el culo y todo, hazlo bien. Mientras MaryEla, como yo la llamo, avanza, tus relaciones se sienten también, recuerda que es un tsunami que arrasa por todo que pretende quedarse y vencer.

Ahora que la veo con perspectiva, que el tsunami ha arrasado con todo y quedan los destrozos causados, en mi cuerpo, mi mente y la de mi familia, puedo ver que tengo un tesoro como en el cuento aquel en que un anciano vagabundo pedía sentado sobre una vieja caja a las puertas de la ciudad, un día pasó un niño con su mamá a los que el anciano pidió caridad. El niño, con esa curiosidad que sólo ellos tienen, preguntó al vagabundo qué había en el interior de la caja, a lo que el viejo contestó que no sabía, que llevaba desde niño sobre aquella caja y no creía que hubiera nada. Ante la insistencia del niño, el anciano abrió la caja descubriendo un tesoro de incalculable valor. La moraleja del cuento está bien clara, mira dónde estás posado, quizás el tesoro está muy cerca de ti.

El papel de las familias afectadas por la Ela, sin duda es fundamental, la labor del cuidador es encomiable, tiene un valor que los afectados directamente, nunca podremos agradecer, nos enterramos en nuestro agujero de dolor pensando que el dolor sólo lo cargamos nosotros, que tenemos derecho a quejarnos, pero ¿y su dolor?¿ Quién dice que no sufren? Pues ven a un ser querido sufriendo, degenerándose sin que puedan evitarlo, quizás sea peor su sentir, hasta el punto en que algún cuidador, se convierte en víctima superando incluso al afectado, ¡ojo con ello.! Hay que tener valor  para seguir la vida cuando lo que más has querido se te escapa entre los dedos como el agua.  Me dicen valiente, pero valiente de veras es el cuidador.

P.D. :Este post va dirigido a las mujeres de mi vida, a todas las que me dieron amor, a la madre, la esposa, la hija, la hermana, la tía, la amante, a la que con cariño trasciende su obligación laboral, la médico, la enfermera, la que limpia. A la nunca tuve entre mis brazos, la que deseé, a la que le hice el amor y a la que no, a la maestra, la cajera, a la vecina, a la que es mi amiga, a la que inspira y a la que canta una canción. Gracias. Gracias. Gracias.