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La vida se basa en etapas. La felicidad consiste en la adaptación a cada etapa. Esta deducción, no es mía, es de mi amigo Alex, un filósofo surfero que va cogiendo las olas de la vida según dicten las mareas.

Leí una vez de un Nobel de economía, que es psicólogo, que lo que más le importa al ser humano es la historia de nuestra vida y que la historia tenga un protagonista decoroso. En estos días ha concluido el curso académico y  muchos de nuestros hijos y digo nuestros, porque son hijos de todos, me refiero a la sociedad general, pues serán nuestros jefes, médicos, funcionarios, etc.  y que nos marcarán cómo será nuestro futuro, deberán elegir qué camino curricular quieren seguir. Nosotros y me incluyo, decimos alegremente que elijan lo que les haga más felices, como si fuera tan fácil. A la hora de la verdad, intentamos que repitan nuestra vida pero sin nuestros errores, como si hubiéramos sido un ejemplo a seguir, tendemos a extrapolar nuestra experiencia con nuestro aprendizaje hacia ellos y claro, todo ello bañado con una gran capa de miedo, a que repitan los errores que cometimos.

Nunca es fácil asesorar cuando se trata de nuestros hijos, queremos que sean más que nosotros, sin problemas y que tengan éxito social, económico y además, sean más felices. Cuando mis hijos me piden consejo, primero les pregunto – ¿Si no tuvieras miedo, qué harías? , les apresuro a responder para evitar que la razón entre en juego mediando su inercia, luego, tras el típico –“Pero, tú qué harías”, les contesto – “Equivócate tú solo”. No sé si obro bien, pero como sé, que nadie puede saber más que ellos mismos, trato de abrirles el melón, abrir el abanico de sus instintos, reforzando así su autonomía para la vida.

La etapa de decidir qué haré el resto de mi vida, se convierte en una pesada empresa para muchos, pero si tomaran la decisión desde la conciencia, llenando su mente del rico vacío fértil, tomarían un camino con la confianza más absoluta de que todo irá bien y si no va bien, es que aún no se ha terminado.

Etapa tras etapa, nos vamos estresando, cargando de dudas, de miedo, que nos cierra nuestro abanico de posibilidades abocándonos a una decisión que cuestionamos hasta el infinito y que aunque salga bien, nos preguntamos si fue la óptima para ese momento.

La aceptación y adaptación son dos herramientas básicas para una vida con mayor índice de felicidad bruta interior. Aceptar que lo que es, es y que el divagar por las ciénagas de lo que pudo ser nos genera expectativas que ocasionan ansiedad, dolor y sufrimiento, haciendo más difícil la existencia. Adaptación al cambio, con la absoluta conciencia de que todo es efímero, viendo la cara más amable del momento histórico que nos toca vivir, sentir que todo, absolutamente todo, está bien y acorde con nuestro plan vital, que vivir es el regalo perfecto que tenemos que abrir ahora, no tiene precio. Observar que nuestros hijos comienzan a fijar un rumbo, que puede ser diferente al que soñamos para ellos, da vértigo, pero es que ya empiezan a volar y nosotros solo podemos abrir las ventanas, que corra el aire y verlos despegar.

 

Foto de Vintage creado por jcomp