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En el silencio se encuentra el sosiego, cuando uno es quien lo elige. El silencio impuesto, puede ser una tortura o no.

Cuánto nos cuesta escuchar, cada vez hay más ruido en nuestras vidas, oímos pero la mayoría de las veces no escuchamos, cada vez hay menos lugar para el silencio. Nos acostumbramos tanto al ruido en nuestro mundo, que a algunos les asusta el silencio, necesitando oír la tv o música, conozco a muchas personas así, nada más llegar a casa encienden la tv, pues no soportan su diálogo interno, hasta el extremo de tener incluso que escuchar la radio mientras duermen.

El silencio es un placer que pocas veces solemos disfrutar, no sólo el gusto de no oír ningún ruido, sino también el no tener que hablar con nadie. En el silencio, el cerebro se regenera, accediendo a ondas que habitualmente no experimentamos, como así han demostrado varios experimentos científicos.

Así pues, me preparo para esa experiencia con enfrentadas emociones, por una parte me siento ansioso porque no es mi elección, por otra parte, me preocupa la dificultad que ello me ocasiona para comunicarme. . Maryela, me va consumiendo la voz, apenas puedo articular una frase sin que me falte el aire.

Ya desde antes de Maryela, procuraba oír más que hablar, ahora, no me queda más remedio, participar en una conversación de manera activa se vuelve muy complicado para mí. Ahora que escucho más atento, me puedo dar el lujo de apreciar la entonación y hasta la emoción que se esconde tras el diálogo, es curioso cómo cambia el timbre o el lenguaje no verbal, el tono de piel o las pupilas.

Ahora que Maryela me amordaza, es que quisiera decir mucho más, comunicar mejor con mi propia voz, cantar bien alto , gritar que estoy aquí, que vine para decir un te quiero, cuánto te echo de menos o simplemente decir, decir lo que me apetece a quien me quiera oír. Ahora que el silbo me falta, que no puedo tararear, que ya no me acuerdo de mi propia voz, ahora que no puedo ni mentir….

Mi mente no reconoce mi voz que se apaga, con todo lo que queda por decir, me quedan pendientes muchos versos, canciones que nunca escribí, me debo un Coño!, un no estoy de acuerdo, un vete por ahí, que me olvides, no ya no quiero, me debo tanto que no he dicho, ahora sólo puedo escribir.

Ahora que solo me queda la mente, qué más puedo pedir, que todo empiece de cero, que me devuelvan lo que pierdo, y a quién se lo puedo exigir, a Dios, al Universo, si todo está en mí, si la conciencia habla en el silencio, no llevo mal rumbo. Llegan días de silencio, sin miedo los afronto, espero lo mejor, me preparo para lo peor, sonrío al presente, tanto que contar, nada que decir.

 

Dedicado a los gritos callados,  a los sonoros silencios.