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Una canción para acompañar este post.

 

Al principio, cuando todo era un caos, que Maryela sí y no, cuando la tempestad se dejaba intuir, en una consulta de segunda opinión, la neuróloga me dijo, tranquilo que seguirás siendo el mismo, nada más lejos de la realidad. Cómo he cambiado, ni yo mismo me reconozco,  atrás quedaron tantas ideas, tantos pensamientos, tantos sueños por cumplir, metas por alcanzar. Todo un arsenal de futuribles, y para qué, para nada, porque la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, y al final todo lo que no vives se queda en nada.

Que iba a seguir siendo el mismo, una  m…., y gracias, porque de aquel soñador ya nada queda, a veces, algunas veces se asoma y cuando me ve, sale mandao, que dirían en mi pueblo, porque se asusta y no halla resquicio donde agarrarse y tomar asiento.

Ahora, sólo queda el preciso instante, el momento que vivo y no aspiro a más, ahora o nunca es lo que me importa y lo que me motiva, lejos ya de inútiles luchas internas que sólo conducen al agotamiento y a la desidia, me resulta gracioso ahora mirar hacia atrás y recordar las penas por el fracaso, por las veces que no lograba lo que me proponía, porque la vida no era como la soñé, las preocupaciones materiales y tanta energía invertida en cosas que hoy, me resultan hasta aberrantes. La sencillez de la vida se empaña por el vaho de las expectativas, del deseo, de tratar de enderezar la madera que ya es bella por lo torcido de su talle, de apurar el camino cuando lo bello es pisar cada piedra y recordar que se pisó.

La vida es como la recordamos que diría Gabo, y cómo se siente y a qué huele, se mide por cicatrices y por lo que nos queda en el tintero, que todos aquellos sueños, también los que no fueron, se agolpan tras los frontales y surcan caminos en nuestras neuronas que una y otra vez repetimos, inconscientes de nuestro sino. Sólo cuando una experiencia atronadora rompe nuestros tímpanos, nos damos cuenta de quienes hemos sido y pensamos por un momento, qué torpe he sido, como si despertara de un sueño, como si hubiera vivido dormido, y ahí entra la conciencia y nos abre la mente, Dios mío, por qué me has abandonado y llorando de miedo, clamamos al cielo, pero qué he hecho yo para recibir tan cruel castigo.

Ahora que no queda nada, yo me siento hueco y lleno del vacío fértil, donde nace todo aquello que, sin darme cuenta he construido, un Yo Soy inmenso y de fondo el infinito. Respiran mis poros y una luz surge de mi interior llenando todo lo que mi pobre mente  inquieta alcanza a imaginar y me recreo en el preciso instante, descubriendo la ausencia de sufrimiento que me aporta este mismo. No me atrevo a moverme, que no sé dónde se acaba el sueño y empieza el suelo, sólo sé que aún estoy dormido.

 

@Música: Pau Donés