Seleccionar página

Acaba un año y empieza un nuevo ciclo, como siempre, como nunca, nos hacemos propósitos para el año entrante, que muchas veces no cumplimos, transitamos con automático avance por la vida pensando que mañana tendré otra oportunidad para provocar el cambio que tanto necesito en mi vida, pero ese cambio, no llega. Y así año tras año, esperando que algo suceda en nuestro existir que nos sacuda nuestra cansina realidad, más cuando la vida nos sacude para advertirnos que ha llegado el momento del cambio, nos sentimos perdidos y deseamos que la rutina vuelva a nosotros. Hablo de la enfermedad como camino.

Hoy, a pocas horas del final del año, no tengo ningún propósito más que dar un cambio tan radical a mi vida que me cambie hasta la forma de pensar. Llevo tiempo preparando este momento, me he despedido de todo lo pasado, de todo lo vivido. Con gran expectación me abro a lo desconocido, ya desechada la vieja y obsoleta idea de curar o sanar mi tan deteriorado cuerpo, asisto a mi propia degeneración física sin apego a este cuerpo que tantas alegrías me ha dado, ya no me vale, ya está muy cansado para acompañarme en mi nuevo viaje. Tan deteriorado que no me reconozco ni en fotos, me rindo, ya no anhelo cura milagrosa o remedio exprés que la ciencia pueda encontrar. Llegados a este punto, desecho mi experiencia vital, mis recuerdos, los malos y los buenos, todo el conocimiento adquirido y también mi carácter, bueno o malo, ya no me sirve, mis valores, también van a la basura, mis creencias limitantes y las que me empoderaron, mis cuentas pendientes, lo que he deseado y detestado, ya no lo quiero, mis habilidades, mis sueños , mis ideales, mis emociones, mis gustos y disgustos, mis posesiones más preciadas, todo aquello que tiene que ver con mi yo, me desprendo.

Ya nada me sirve, ya todo me estorba, lo poco que necesitaba, ya me despedí. Ahora que me he desprendido de todo, ahora que me siento tan vacío, tan aliviado, -“Ahora que sólo me queda el ahora, ni  miedo ni fé” (Jarabe de Palo).

Ahora toca renacer, no hay nada que reparar, todo será nuevo en mí, todo lo que está por llegar vendrá pronto a estrenar, como un día de reyes para un niño de mi época, todo será emoción, todo será mejor que lo anterior. Y vestiré ropa nueva y saldré a la calle orgulloso con mi nuevo ser, entonces todo será novedoso para mí, cada bocanada de aire, cada despertar, cada sonido y cada luz. Cuando me levante con una nueva alegría, me llenaré de felicidad al disfrutar del amanecer y al mirarme al espejo, colmado de felicidad, descubriré a un recién nacido ser, lleno de gozo me redescubriré y veré en el fondo de mis nuevos ojos toda la verdad contenida en el nuevo mirar y desde mi asombro, sonreiré. Sintiendo en mi renovado cuerpo tantas sensaciones que me elevan hasta el más allá, y me siento tan ligero y limpio como un rayo de sol al amanecer. Y no habrá duda, seré Yo.