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Náusea

Ayer, me encontraba de palique con un buen amigo, de los que la vida me regaló, hablando de todo un poco, arreglando el mundo con la facilidad que dan varias cervezas y 40 años de amistad. Charlábamos acerca de mi blog, pues alguien conocido se me acercó a saludar y comentarme que me seguía. Enfrascados en la conversación, mi amigo me comentaba que vaya marrón me estaba comiendo, a lo que contesté que con el grandísimo apoyo de todos los que me rodean, familia, amigos, pacientes y lectores era mucho más fácil, él me dijo que si hubiese sido al revés yo haría lo mismo, que estaba recogiendo lo sembrado. Esto, me llegó muy adentro, viniendo a mi mente una máxima de mi madre, haz bien sin mirar a quien.

Hoy, a tan sólo un día de esta entrañable tertulia, me ha hecho reflexionar sobre el significado de ayudar al prójimo porque, lejos de haber sido un santo varón, por deformación profesional, por la educación recibida o por vocación, siempre he procurado hacer el bien o cuando menos, no obrar mal. Es muy importante para mí el feedback que me proporciona el blog o las redes sociales, me hace sentir que no estoy solo con MaryEla y que de alguna manera, tengo a alguien que piensa en mí de tantas formas como personas me leen, así habrá quien piense que no estoy muy cuerdo, pues abandoné mis visitas al hospital, he recurrido a tratamientos poco ortodoxos, renunciando a los que dicta el protocolo establecido, decidiendo en cada momento mis opciones y habrá también quien me comprenda o apoye mi camino.

Así he decidido dejar de buscar fuera para emprender “La Búsqueda”, un viaje que hoy día, me resulta imprescindible para todo aquel que no tiene un mínimo de felicidad en su vida.

Todo empezó con mi amigo el Miedo, una vez familiarizado con él y con la certeza de que no me abandonaría nunca, comencé a conocerlo, poco a poco, con la cautela de quien se enfrenta a un gigantesco reto, no falto de riesgos. Mientras más me sumergía en su espeso lodo, más lo iba comprendiendo. Mi primer impacto, tras saber que era yo, fue el miedo a la inseguridad, la sensación estaba muy localizada en mi estómago e intestinos, me cagaba de miedo, literalmente, pues me quitaba el hambre y me daban unas ganas de ir al baño que sin embargo no aliviaban mi dolor en absoluto. A medida que transcurría el tiempo, lo que me despertaba era esa sensación de vacío, negro y frío como si una sombra pegajosa me comiera por dentro. Sabía que era yo mismo, pero no lo lograba integrar, dolía y de qué manera. Cada noche me dormía con la esperanza de no amanecer con la misma agonía, el perro pegado a mis entrañas, mordiendo y ahondando en mi sentir, que me causaba náuseas de tanto dolor y pensaba, otro día más que tengo que sufrir. Sin apenas ganas de seguir, rendido de dolor y con el conocimiento que había adquirido de mi encuentro con el Amigo Miedo, empecé a cuestionar la realidad de la inseguridad, me preguntaba, cómo sería mi vida sin miedo a la inseguridad, y comencé a imaginar esta situación, lentamente me fui enfundando en mi nuevo papel, la inseguridad seguía ahí provocándome náuseas y esa cagalera que todos conocemos bien. Un día, comprendí que mi papel carecía de sentir, que no me provocaba emoción, que no aliviaba mi sufrir. Entonces comencé a impregnar de vida mi nuevo papel, cada vez que la inseguridad venía a mí, yo imaginaba con emoción, añadía a la imaginación el sentir, qué alegría, rápidamente mis tripas volvieron a rugir, y sentí hambre y volví a dormir, sin miedo a despertar, sin miedo a lo que un nuevo día tenía para mí.