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Este post también trae banda sonora.

 

Hace poco, una de las personas que más me ha sufrido me dio una formidable lección de vida, ella es mi mujer. Ella siempre ha sido de vivir el momento, si se compra una ropa, es normal que al día siguiente se la ponga, su lema es, para que me coja una guagua mañana, me lo pongo. Así ha sido y por las circunstancias que me atañen, ahora lo es más, si cabe. Yo, como acostumbro a hacer, lo extrapolo al aprendizaje que vivo desde hace ya diez años.

A menudo me preguntan por las redes sociales, por qué no me postulo más a favor de la lucha contra la ELA, la respuesta es bien sencilla, lo mío no es una lucha. Hay un libro llamado “El arte de la guerra”, es un libro que ensalza las virtudes del buen samurai, y hay una frase del mismo que dice que la mejor forma de victoria, es luchar sin combatir. Seguramente seré crucificado por mi postura, máxime cuando se trata de un tema tan delicado, pero ya estoy acostumbrado a ello, porque nadie está en posesión de la verdad absoluta, cada cual es dueño y esclavo de sus pensamientos.

Yo no lucho, yo me inclino más por aprender, todo en la vida es un desafío para nuestra mente, quizás sea por mi clara inclinación hacia ver más allá de lo evidente o porque sí. Para mí la enfermedad es, como me enseñó mi tío/mentor/maestro, un aprendizaje, una lección única e Irrepetible, es “La Lección”. Lejos de libros de autoayuda y creencias esotéricas, en estas condiciones, o aprendes o te mueres de miedo y hay muchas más formas de morir, se me viene a la cabeza ahora mismo, una noticia que salió hace tiempo en el periódico, que relataba la ocurrencia de unos jubilados que se habían reunido en un momento de sus vidas que ya estaban de vuelta de mucho, para organizar una fiesta llena de drogas, sexo y viagra, lo que me parece una idea fantástica de culminar el viaje de la vida, por no decir que es una gran ocasión para emprender el regreso a donde quiera que vayamos al fenecer. La gran fiesta de despedida, cómo no, fue todo un éxito dado que alguno salió de la fiesta final, con el plan cumplido hasta el extremo.

Yo no aspiro a tanto, pero no me importaría tampoco, pues he de reconocer que el fin de la vida no es otro que disfrutar al máximo y de paso aprender. Ahora mismo me estoy riendo de lo lindo, pues me imagino con mis amigos, celebrando una fiesta de despedida de la vida, y qué es la vida sino una fiesta en la que a veces nos toca bailar con la más fea, pero hasta esta puede ser una formidable aventura, porque todo depende de ti.

 

Música: @ Vetusta Morla