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Iniciación

Cuando era pequeño,  con apenas doce años,  por causalidad,  cayó en mis manos un libro que me impactó mucho,  hablaba de la vida de una gaviota,  no de cualquier ave,  sino de una muy especial,  “Juan Salvador Gaviota”.

Este libro,  creo que marcó un antes y un después en mi interior.  Hablaba del aprendizaje de una joven gaviota,  de su afán por mejorar la técnica de vuelo,  de rebasar los límites y de superación personal.

Yo,  con mis doce años,  saqué mis conclusiones y aprendizaje de aquel libro,  para mí, habla de explorar los límites,  de romper con lo establecido,  y de soledad. Tres conceptos que arraigan en cualquier preadolescente, no en vano son las cualidades que puedo ver en mi hija adolescente.

Aquel libro,  caló muy hondo en mí,  me ví tan reflejado en las preocupaciones de Juan Salvador Gaviota,  que rápidamente se convirtió en una guía personal,  recurría una y otra vez a encontrarme entre sus letras,  como si todas las respuestas residieran en el trabajo de aquella gaviota,  que siempre hallaba una lección que aprender,  un límite a derribar,  en definitiva,  un reto,  siempre con la idea fija de alcanzar la excelencia. Para Juan Salvador Gaviota,  todo lo relacionado con el vuelo y aterrizaje era la esencia de su existencia,  era su vida.

Ese libro,  sembró en mí una semilla, que dio sus frutos. A él le siguieron otros libros,  autores como Tagore, Castaneda, Hay,  Méndez, y muchos otros. Había abierto una caja que ya nunca se ha vuelto a cerrar,  por el contrario, se ha ido expandiendo cada vez más hasta sentir en el momento actual, que siempre estuvo abierta, llenándolo todo, impregnando cada célula de mi ser, condicionando toda mi vida y mis decisiones.

Ahora,  desde la perspectiva que da el tiempo,  me doy cuenta de que ese libro me transformó hasta un punto que nunca había valorado,  hoy sigo pensando en qué haría mi gaviota,  porque la hice mía,  desde aquel día en que devoré ávido sus páginas,  sin saber que en realidad, estaba transformándome en todo lo que en este momento soy, mi forma de afrontar las cosas, mi visión del mundo,  ha sido condicionada por un pequeño libro,  he ahí el enorme poder del lenguaje,  desde entonces,  sueño diferente. El cambio fue paulatino,  pero constante,  no tengo ni un solo recuerdo de haber intentado compartirlo,  era un crío, no podía vislumbrar el alcance de mi transformación, como no puedo ahora imaginar qué me depara el futuro, ahí reside la magia de la vida, en la incertidumbre, esa que tanto nos acongoja y nos hace desear una estabilidad en todos los planos de nuestra vida. Asumir que no tenemos el control sobre nada es una máxima que deberíamos aprender desde pequeños,  pues el no saber dónde residen nuestros límites,  en lugar de ser un hándicap,  debería convertirse en el motor que nos impulse a emprender el vuelo, a hacer rasantes y giros sin miedo,  a rebasar nuestra velocidad máxima y aterrizar con la suavidad de una pluma, a ignorar los consejos de quien nunca arriesgó,  a dejar de lado las críticas,  a creer en lo único que tenemos la certeza de que es real,  nosotros mismos,  a ser cómo no, un Juan Salvador Gaviota.