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Ayer fue un buen día, la poesía ganó una gran batalla a la ignorancia. En un programa de televisión, un poeta se imponía a otros talentos muy diferentes, yo no lo vi, pero esta mañana me llevé una grata sorpresa al leer la prensa. Quizás sea un romántico, que lo soy, pero si un poema triunfa en un mundo audiovisual, yo me emociono y hasta lo celebro como si el éxito fuera mío, aunque pensándolo bien, sí que es mío el éxito, mío y de todos los que creemos que un mundo diferente aún es posible.

Desde mi ventana no se divisa el mar, pero puedo olerlo, creo que los canarios lo llevamos grabado en la pituitaria y como las tortugas marinas al nacer, lo buscamos como referencia vital e inspiración cual poeta. El que un poema haya traspasado el corazón de tantas personas adictas al destello audiovisual, me reconforta tanto como volver a la mar, es como ver una flor irrumpir en medio del asfalto. La naturaleza se impone si no la interrumpimos, la vida acaba ganando si le damos la oportunidad, cuando un organismo enferma, el cuerpo  siempre trata de sanarse. Los sentimientos más elevados van abriéndose camino entre el bullicio de la televisión y la tecnología, al final siempre hay tiempo para la ternura, como la mar que conecta continentes, ahora olvidado por los viajeros que carentes de tiempo, nos embutimos en aviones que surcan repletos de turistas ávidos de ver rápidamente cualquier destino sin apenas contagiarse de la idiosincrasia del pueblo que visitan. Lo importante es llevarse cuantos más selfies mejor, comprar cualquier recuerdo y vivir alguna experiencia exprés, que no se diga que no hemos interactuado y para opinar sin tener ni idea de cómo son los habitantes del destino, con escuetas frases que colgar en el muro del Facebook y recibir comentarios de amigos que nunca vemos, pero que queremos mucho, tanto que suelo poner unas veces en su muro una frase o un gif que represente lo que siento. De las cartas ya no queda nada, aquellas en que armados con un bolígrafo y papel, volcábamos nuestro más hondo sentir, amparados por la soledad de  nuestro cuarto. Estas letras se guardaban como un tesoro para volver a leer y saborear las emociones garabateadas entonces. Yo  siempre fui de cartas, de papel y letra escrita, ah, cómo echo de menos escribir a mano, coger un bolígrafo y conectado directamente al corazón como si un apéndice de este fuera, vaciar mi depósito de pasiones, de promesas y castillos en el aire, ya fueran dirigidas a un amigo o a un amor. Ahora, no por gusto, he tenido que cambiar el bolígrafo por un sofisticado sistema que me permite, mediante las pupilas volcar lo que pienso y siento, ahora, conecto mi mirada directa al corazón y cual reflejo de mi alma, me muevo por la pantalla del ordenador y sueño que es mi delgada mano la que escribe, que me llega el olor del papel y la tinta, luego meto la misiva en su sobre, mojo con la lengua la goma y cierro, lleva dentro una poesía, como la que ganó en la tele, no tan buena, pero igual llena de emoción, es para Maryela y es un adiós.

Foto: Julio León