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Algo está pasando dentro de mí, una transformación esencial, no sé bien a dónde me llevará este cambio, pero sí sé que ya no hay vuelta atrás, es un viaje sin retorno que pienso llegar hasta el final. Mis miedos y todo lo que he ido acumulando en esta travesía se me tornan como una película que no me quiero perder, a pesar de las resistencias que brotan en mi interior, que me impulsan a abandonar y me lastran hacia el fondo, me resisto a claudicar. A mi mente vuelven viejos terrores de la infancia, en los que oscuros fantasmas me turbaban mi sueño infantil, callado en la penumbra de la noche con el temor de alzar la voz y escondido bajo una manta que me robaba el aire. Nada es comparable al miedo de un niño con una  desbordante imaginación.

Pasaron años hasta que los fantasmas desaparecieron, tal vez los sueños eróticos de la adolescencia los ahuyentaron, no sé, pero los fantasmas del pasillo que veía desde mi cama, dieron paso a otros más profundos y más presentes, las inseguridades de un púber que no se gustaba, como todos los adolescentes, cada quien con sus frustraciones y temores.

A partir de la adolescencia, los avatares de la propia vida se iban revelando en blanco y negro, dando a los fantasmas poco espacio donde habitar, que ya la vida tiene sus propios monstruos y pueden dar más miedo que la más terrible de las pesadillas, que si se le antoja que bailes con Maryela, no te queda otra que moverte con la pieza, o no moverte, que no es lo mismo pero es igual.

Cuando te llega el cambio, no hay otra que cambiar, pero para mudar hay que deshacerse de la antigua piel y la coraza, que ya no se cabe en la vieja y no te vale, que hay que fijar nuevos objetivos y otra forma de pensar, que no se es el mismo, hay que cambiar todas las creencias, que son las que sustentan el ego viejo  y ya puestos, no se puede guardar un vino nuevo en una lata oxidada y como un gusano se encierra en la crisálida para descubrir que aquello que soñaba se puede hacer realidad , un cambio de verdad, conlleva una transición entre lo que fuiste y lo que serás, no hay cambios espontáneos, y podemos hacer que el cambio sea radical, a pesar de las circunstancias que nos afectan, si las nuevas creencias son bien implementadas, todo es posible.

Tenemos que permanecer alerta, conscientes del instante que vivimos y con absoluto control de nuestros pensamientos, tomando las riendas de la mente, reconduciendo nuestros pensamientos, de manera suave pero con firmeza, sabiendo que a medida que perfeccionamos nuestra práctica en el trabajo interior, cuanto más evoluciona nuestro sistema operativo y más eficiente es, más fácil es que se atasque el motor, pues un grano de arena en un motor de camión no hace gran daño pero ese mismo grano en el motor de un fórmula uno, le ocasionaría un daño irreparable.

En conclusión, el cambio es posible, vale la pena y nadie se lo merece más que yo, como tú.