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Desde que nacemos, todo consiste en aprender, así aprendemos a hablar, a ir al baño solos, a comer, a escribir y aprender y aprender. Nunca mis padres o profesores me hicieron ninguna referencia a un desaprender, en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, dice que significa “Olvidar lo aprendido” pero creo que desaprender va mucho más allá. No desaprende quien olvida, esto es mucho más complejo, desaprender conlleva desmontar creencias limitantes, las cuales sustentan a menudo nuestro sistema de valores.

Cuando uno enferma, rompe el equilibrio, la llamada homeostasis, el cuerpo tiende a sanar, pero nuestro sistema de creencias nos lleva en dirección contraria. El peso que damos al pensamiento hace del acto natural que supone curar la enfermedad, toda una epopeya que nos sobrepasa de manera que, nos sumergimos en una espiral decadente y mientras más nos centramos en huir del dolor o la limitación, más nos hundimos.

Desaprender es confiar,  es ir en contra de lo aprendido y a veces incluso, de lo establecido, porque desaprender es embarcarse en un proyecto que muchas veces nadie va a entender, es navegar cuando no hay vientos a favor, tener que largar lastre para poder volar, saber que todo cuanto sabes puede restar en vez de sumar, que no hay camino hecho ni cumbre por alcanzar, es un verbo y un sujeto, renunciar a los propios gestos y hábitos, a los pensamientos y reacciones habituales, incluso a los sentimientos que nos han acompañado.

Cuando uno desaprende acaba con los sueños porque comienza a vivir de una forma que no ha experimentado, cuando todo es nuevo y no das nada por conocido, desaprendes las rutinas y te fascina hasta la imagen que te refleja el espejo cada mañana. Cuando desaprender se torna en lo que siempre has buscado y desaprendes qué buscas.

Al desaprender cómo hablas, qué patrones mentales utilizas para expresarte y cómo escuchas, todo cambia y ya no eres el mismo, desaprendes tu pasado y vivir en un futuro que no existe, desaprendes cómo caminas, qué circuito mental utilizas para cada caso, cómo te relacionas contigo y con el de al lado.

Desaprendí que mi dolor no iba conmigo, que sólo es necesario, desaprender lo aprendido y que para eso estamos, que la vida es un momento, desaprendo o me anclo. Que sé de lágrimas y de llanto, doctorado en  pesares, cum laude en quebranto.

Al ir desaprendiendo de los apegos, me he vuelto un solitario, que desaprende de los otros y los valora como lo que son y no como lo que espero que me den a cambio. Y de tanto desaprender hasta que me llamo Gustavo, no sé ni quien soy, si Juan Salvador Gaviota o el que quiere vivir como cualquier ser humano, que estoy desaprendiendo, que no es lo mismo que haber olvidado.