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Hay gente para todo, es una constante que llevo escuchando desde siempre. La vida se basa en elegir, coche, casa, carrera, pareja, hijos, siempre estamos eligiendo. A menudo condicionados, más siempre elegimos, pero hay una elección que no todo el mundo hace, “Libre Albedrío”, lo llaman y de eso se trata, de libertad para elegir, básicamente entre el bien y el mal, según la biblia, pero mi observación me ha llevado a pensar en otro sentido, quizás sea mi elección.

En la vida, he tenido la oportunidad de distinguir entre quienes eligen quedarse en el suelo o quienes como Juan Salvador Gaviota, optan por alzar el vuelo. La diferencia entre ambas, consiste sencillamente en una elección, una que lejos de ser sólo A o B, implica todo un sistema de creencias.

Recuerdo una vez en mi consulta, me visitaba una familia con tres hijos, habían venido para tratar el asma de uno de los tres niños, era una familia humilde, cuyos padres se esmeraban en procurar para sus hijos lo mejor, una vez examinado el pequeño, le receté unos medicamentos homeopáticos. Una de las hijas, la del medio, una vez terminada la consulta se dirigió a mí diciéndome que en verdad le hacía más falta a la mamá que al hermano, pero que como no podían pagar dos consultas la madre había optado por el pequeño. Ante aquella personita, me sentí muy conmovido y yo que no tenía demasiado amor por don dinero y sí por las personas, decidí ver a toda la familia, al concluir con la familia, la pequeña se dirigió a mí diciendo, “Yo no voy a ser médico, pero seguro que voy a ser como tú”, hoy en día, tras estudiar su carrera, es una profesora que primero forma a buenas personas y luego les enseña el temario.

Aquella niña fue creciendo y continuó acudiendo a mí cada vez que se sentía mal, pero siempre eligió ver la vida con los ojos del corazón. Mi elección de ese momento, tuvo una repercusión en la vida de aquella niña, pues así me lo expresó años más tarde. Hay elecciones que no sólo nos cambian la vida, también la de otros y esa es una premisa que siempre tuve en cuenta.

Hay quien pasa por la vida sin hacerse preguntas que le saquen de la rutina y también hay quien, a sabiendas que no es una elección fácil, se embarcan en buscar más allá de lo que a simple vista se evidencia, quien no se conforma con una triste y fácil existencia, convirtiéndose en buscadores de una forma más profunda de explicación a cuanto les sucede, hay muchos que se preguntan el por qué y para qué de su vida.

Yo, un día me decidí por ir más allá, elegí ser un buscador de sueños, opté por surcar mares que, lejos de estar en calma, me llevaron por rutas desconocidas nada agradables para un grumete como fui, aposté mi más preciado tesoro, mi ingenuidad, a todo o nada y cuando creía haberlo perdido todo por un sueño, me encontré con que la búsqueda no era en balde, que mi afán de indagar no era único y en la travesía fui encontrando a otros que como yo, se adentraban en mares donde se pescaban inmensos manjares para el alma, que en vez de saciarse ansiaba más y más cada día, pero eso que hallé me lo reservo para otra ocasión, que el saber y el comer tienen cada uno su tiempo.