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A lo largo de mi vida me he planteado muchas veces tomarme un tiempo para mí, estar a solas conmigo, poder revolver en mi interior, apreciar el silencio de mi mente cuando logro pararla, saborear mi boca, sentir cada milímetro de mi piel, escuchar mi intuición, oír mi corazón. Nunca pensé, como nadie lo piensa, que la vida me iba a conceder el deseo de esta manera, yo pensaba que era eterno o al menos, periódico, como la naturaleza, que tras un tiempo de oscuridad, tenía que haber un cambio a mejor, como sigue al invierno la primavera.

Soñaba con la excelencia en mi profesión-vocación, que siempre mi amor estuviera, que no me faltara de nada, porque la salud no me preocupaba. Como de soñar no me cansaba y siempre me despertaba, un día no amaneció, la penumbra se instalaba y ni un beso de esos que despiertan a un muerto me espabiló y me comió a besos mi amor, pero en ese infierno, no funcionó. Ella esperaba que fuera solo un mal sueño, como yo, y no amanecía ni siquiera en el cachito de cielo que habíamos construido los dos.

El tiempo pasa y se muda a vivir Maryela, entre los dos, y fuimos tres en una pareja, tres en el amor son montón. Dormía con nosotros, comía, iba al baño, se insinuaba en el salón. Pasa el tiempo y vimos que no, que aquella convidada de mierda se acomodaba y todo lo que tocaba lo estropeaba, hasta mi compañera de camino sucumbía, no pudo más. Mientras más  me empeñaba en negarla, más se mostraba ella y de qué manera, un día estaba arreglando la cisterna del wc y se me quedaron los dedos engarrotados, como un calambre, me sorprendió y lo comenté con mi mujer, ella, ajena a mis sospechas pues ya pensaba en Maryela, se sonrió con la risa habitual en ella mientras yo sufría en mi interior. Pasaron muchos meses, creo que nueve, hasta que una tarde cualquiera, con un apretado nudo en la garganta que no me dejaba tener la maldita conversación, la imprimí y se la entregué diciéndole con dientes apretados; “lee, esto es lo que me pasa”. Mientras ella leía y no daba crédito a lo que entendía, el nudo en mi garganta se apretaba, cuando sus ojos se encontraron con los míos vi el horror reflejado. Tranquila no pasa nada, de esta salgo yo.

Dijo Einstein que existe una fuerza mayor todas las bombas que pueda fabricar el hombre, de eso doy fe y se llama Amor, no del que se ve en las películas, ni del que pueda hablar cualquier canción, Amor Incondicional lo llaman y de esa clase es el que intento practicar, no siempre me sale, pero tengo mucho tesón, nada que perder y mucho que ganar. Para amar incondicionalmente, primero hay que amarse uno, dice el primer mandamiento de la ley de Dios “amarás a Dios sobre todas las cosas”, pero no nos contaron que el nombre de Dios es Yavhé y que significa yo soy,  por tanto, amarnos a nosotros mismos es lo primero. Cada día despierto, agradeciendo un nuevo despertar, a mí por ser yo y al infinito universo por darme toda la razón.