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Amigo Miedo

El miedo, puede ser tu aliado pues te ayuda a preparar tu cuerpo para la acción disparando los mecanismos necesarios para preservar tu vida. Este mismo miedo, te puede arruinar la vida. Cuando te dicen en un hospital, con toda la parafernalia que conlleva el medio, que tienes un mal del que no se sabe bien ni el origen ni la evolución que puede tener en ti, que no existe tratamiento capaz de siquiera aminorar el ritmo de la degeneración que ocasiona y por supuesto, que no existe cura.

Puedes haber ido al hospital con diez o con mil personas que te acompañan pero salir, sales solo acompañado por el miedo y se convierte en tu sombra. Te acompaña a todos lados y no te deja ni aunque estés a oscuras. Es lo que te saluda al despertar, lo primero que ves en el espejo, lo que comes, la ropa con que te vistes, lo ves en los ojos de tu familia y hasta se convierte en el aire que respiras. Piensas que si duermes no te torturará y despertarás de la peor pesadilla, pero se acuesta junto a ti y te susurra al oído, te hace sentir su aliento en la nuca, te erizas y ya no es miedo, lo que sentías se ha ido transformando, se ha convertido en pánico y se funde con dolor y duele,  se vuelve tan fuerte, tan hondo que suspiras por no amanecer, llegas al punto en que el agnóstico ruega a dios que si existe, lo duerma para siempre, pues es más grande el dolor.

Pero todo tiene un límite y yo también lo tenía, lo mío fue cansancio, me cansé de sufrir y pensé, vale me voy a morir y quién no, tengo miedo y quién no, y me preguntaba, cómo sería si no tuvieras miedo, si todo el universo estuviera a tu favor?. No voy a decir que fuera de ahora para después, me tomó un tiempo, más fue un tiempo hermoso el que viví, recuperé mi viejo hábito de meditar y cuando me invadía el miedo, lo observaba como lo que es, una emoción, una energía que lentamente aprendí a transformar y cambié el miedo y el dolor por rabia y esta la transmuté en motor. A medida que pasaba el tiempo, fui tomando conciencia de que sufrir era una opción, que el dolor no desaparecía, que seguía ahí agazapado en mi interior y al menor descuido se apoderaba de mi razón, que seguía siendo tan fuerte que me nublaba la razón, y duele, cómo duele, entonces lo miré de frente y me amedrentó, pero ya era distinto, lo conocía, sabía de su pasión y lo abracé y lo acariciaba asustado, muerto de dolor, hasta que vencido me sonrió. Me miraba con lágrimas en los ojos y de pronto, vi que era yo. Sentí como esa sombra lúgubre estaba fundida con mi cuerpo, que por mucho que quisiera alejarla, mientras más la rechazaba más sentía el dolor. Me di cuenta entonces que nadie me había hablado de esta emoción y que era tan real como lo era yo, que no pretendía causarme dolor y que era un aliado para la vida y que cuando asomaba debía prestarle atención. Ahora, cuando siento miedo, sé que detrás de este viene algo mejor, que tras las puertas del miedo,  está el Cielo de los cristianos, el Nirvana o el Yanna musulmán. Que sólo si lo abrazas, te permitirá encontrar el camino para alcanzar la meta que te impongas, que está para ayudarte y que sin mi Amigo Miedo, no puedo existir Yo.