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Ya queda nada para terminar el año, vaya añito, ha sido una montaña rusa. Atrás quedan los propósitos que no cumplí, como casi todos los humanos, la cura que no alcancé, las salidas que no hice, aunque me propusiera salir más, unas cuantas visitas al hospital que no entraban en el guión original, unos pocos cabreos, menos que el año pasado, alguna sorpresa que no imaginé, los amigos de siempre, no podían faltar y la familia que sigue igual. Si tuviera que elegir un suceso, sabría cuál sin dudar, vivir sin más, sin expectativas que me superen, despertar en el más profundo sentido que se pueda imaginar.

No esperaba nada y como suele la vida, me sorprende cada vez más, ver la Magia obrar sin que uno o una, que ahora hay que poner lenguaje inclusivo, pueda hacer nada para mejorar, preguntarse ¿qué más es posible? Y no contestar. Ser libre porque no existen los límites, que lo que hago al otro, otra, me lo hago a mí, tener conciencia de que el mundo es, lo que yo creo que es, ser positivo, positiva y saber que todo va a mi favor, estar atento, atenta a las sincronicidades de la vida, reconocer que el amor es la mayor fuente de poder y que mi intención tiene un poder infinito de organización, saber con certeza que puedo confiar en mí porque el poder reside en mi interior, saber que la energía va hacia dónde pongo mi foco, y que todo, absolutamente todo esto, sucede en el ahora, que el pasado ya murió y el futuro es una ilusión. Que todas las posibilidades están pasando a ser probabilidades, sólo con fijar mi atención.

Y que ya en esta tesitura, no cabe seguir www.mividaconella.com, porque ya no vivo con ella, ya no necesito hablar sobre lo que sufrí con la oscura Maryela, ya me liberé de tanto dolor, ahora mismo sólo queda una despedida.

Quizás no me entiendan, la verdad es que no me importa, sólo quien me conoce sabe. Y el saber, me dio alas, y ahora, si me disculpan debo, igual que empecé con Juan Salvador Gaviota, alzar el vuelo, conocer nuevas playas y dadas mis habilidades en el aire, acometer nuevas acrobacias, hacer un looping con un picado y remontar cual brisa. Que el límite lo pongo yo, como en el poema que tanto acompañó a Mandela.

…la amenaza de los años, me encuentra y me encontrará, sin miedo. No importa cuán estrecho sea el portal, cuán cargada de castigos la sentencia, soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma.

Alguien me dijo que en un año, dejaría el blog, se equivocó por más de cuatrocientos días, me alejo de esta fuente de quimeras, porque a mi modo de ver, sólo ha sido eso, una ilusión engañosa y como en la imagen, donde San Miguel, se enfrenta a la Quimera, yo, la doy por abatida, aunque me vaya la vida en ello.

Lo más curioso de esto es que a pesar de todo, lo haré…  A mi manera.