Seleccionar página

Nuevamente acompaña banda sonora:

Todos tenemos una idea fantástica, al menos una vez en la vida todos tenemos esa inspiración que sabemos que es trascendental, cierta, única e irrevocable. A quien no le ha pasado alguna vez, más que sea en sueños, la vemos ahí, cerca, tan tangible que la saboreamos y acotamos hasta el más ínfimo detalle, pero entonces, nos despertamos y paf, se ha esfumado y ya no queda ni huella de esa verdad absoluta. Eso, se llama conciencia, esa sensación de expansión y conexión con todo, aquello que tan vívido se nos apareció y esfumó, sumiéndonos en un estado de éxtasis por un milisegundo ya no podemos recuperarlo o, más bien, no sabemos hacerlo. Porque esa sensación no es del mundo del pensamiento y precisamente este, es el que nos separa de ese estado de conciencia.

Algunos sabrán de lo que hablo, quizás alguien note algo físico al leer esto y la mayoría, dirán que a Gustavo, se le fue el baifo, como se dice en mi tierra a los que han perdido el tino. Hace unos pocos días, me escribió mi tío, mentor, amigo, padre putativo, Octavio, me contaba que se iba a un curso de una nueva técnica o terapia, yo le dí la importancia que acostumbro, ya habituado a los nuevos “limpiacristales” como solemos llamar a todo el amplio abanico de terapias, inventos y demás que aparecen cada día. Yo a más de diez mil kilómetros de distancia, comencé a hacerme unas preguntas que no me eran familiares, pero que sin embargo, despertaron mi curiosidad pues me asaltaban en mitad de la noche, pasaron los días y tuve noticias de mi tío. Me habló de un sistema de preguntas que se hacía uno, sin necesidad de buscar con el pensamiento las posibles respuestas, justo lo que me estaba pasando, lo que tuve a bien compartir con el, a la vez que le apuntaba la no linealidad del tiempo, porque no se me ocurre otra explicación que no caiga en lo paranormal, digamos telepatía, a su vez, la experiencia se amplificaba a los sueños … Lo que puede parecer anormal para muchos, para nosotros que hemos visto de casi todo, es ya habitual o cuando menos, no anormal.

Desde entonces, me he visto envuelto en una corriente de sincronías y sucesos que me tienen la mente abierta a todo, y cuando digo todo, es todo. No hay noche en la que duerma de un tirón, pues la ansiedad por tener más tiempo para hacer lo que quiera que estoy haciendo con mi cerebro, me tiene como un niño pequeño el día de Reyes.

Desde hace ya unos años, me entreno con constancia en permanecer en una actitud que sume, que me aporte algo más, un plus de mejoría en la realidad que me toca vivir. En términos puramente científicos, digamos que estoy inmerso en que mi cerebro produzca la mayor cantidad de endorfinas posibles, siempre con el reto de recuperar la salud, aunque lo defino así para que me entienda quien me lee, pues para nada me identifico con recuperar la salud.

Desde que empecé con este tránsito, me refiero a Maryela, llevo aplicando estrategias tanto físico-químicas como mentales o emocionales, pues estoy convencido de que la respuesta está en mi interior, quien me conoce sabe que no ceso en mi búsqueda y sigo, pues la vida me ha demostrado que a la última va la vencida, siempre.