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Cada día despierto con la misma ilusión, la de verme corriendo y nadando otra vez. Todos tenemos un sueño por el que daríamos lo que fuera, mi sueño es este.

Cada cual es consecuente con lo que sueña y lo que está dispuesto a dar por lograrlo, visto así parece fácil, tanto quiero, tanto doy, más cuanto hacemos para alcanzar nuestro sueño? Estoy realmente comprometido con el objetivo fijado? Cada instante de mi vida está orientado hacia lograr lo deseado?.

Esta y más preguntas me planteo continuamente, resulta tan complejo como uno lo quiera ver. En mi navegar con Maryela, he surcado océanos de tormentas y de soledad, he muerto y he resucitado, he visto tierra donde cobijarme e islas desalmadas, dormí bajo un cielo estrellado y a una estrella fugaz pedí que mi deseo se cumpliera,  no descarto que me lo haya concedido, porque olvidé pedir que fuera en esta vida. Tuve sueños de colores y en blanco y negro, supe de amores y otras lindezas, llegué a puerto amaneciendo, donde nadie me esperaba y aprendí que solo llegas y solo te vas, que la mejor compañía eres tú, o yo mismo que es igual.

Supe de mil cielos por mis viejas cartas de navegación, pero me costó entender que estaban mal, que sólo yo podía guiarme sin perderme, atravesé mi propio océano, me hundí y salí a flote siguiendo las burbujas de mi respiración, digerí mis miedos y supe que sin ellos no existen paraísos, hallando respuestas a mis dudas me embarqué en un viaje sin retorno del que hice mi estandarte y mi razón de vivir. Vomité lo que había tragado, tanto tiempo tragando que olvidé que lo primero en mi vida soy yo, que no se gana perdiendo sino aceptando, que la vida es un instante y que yo soy el capitán de mi barco, puede subir quien yo quiero y tengo por brújula mi corazón, por timón la curiosidad y mi cerebro es todo cuanto hay debajo del barco.

Aprendí a pescar cuanto necesito y el resto lo dejo correr, pues hay corrientes marinas que enriquecen y otras que enseñan por ahí no, cuando llueve aprovecho el aguacero y cuando no, me tiendo al sol, seco mis humedades y escribo en mi blog. Cuando otros barcos se abarloan, disfruto de su compañía y cuando la soledad del océano acapara mi cuaderno de bitácora, respiro hondo, reparo mis velas y aparejos.

Duermo a la intemperie, sin temor, vuelvo a soñar que camino, que cojo las redes con mis brazos, en puerto ya me espera alguien, hago sonar mi sirena, es un día de sol y yo tengo el timón.